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MALAS PALABRAS

Nuestra hermosa princesita o nuestro dulce angelito de alrededor de tres años están fascinados por el lenguaje y aprenden palabras nuevas como esponjas, seguramente escucharon decir esa “mala palabra” en casa, en una conversación entre adultos, en el jardín (adonde los más “experimentados” llevan las novedades que les enseñan sus hermanos mayores), en la calle o en la televisión y descubrieron que son palabras que tienen un poder, que generan cosas en el otro. Se dieron cuenta, perfectamente, que soltar una “mala palabra” en la mesa provoca gran agitación y que por ejemplo, cambiarlo por un “feo” no es igual de divertido.

¿Qué hacer para evitarlo?


-La importancia del ejemplo: La coherencia entre lo que un padre dice y lo que hace es vital.
-En muchos casos es necesario explicarle el significado de lo que está diciendo y explicarle que las malas palabras pueden ser muy molesta para los demas.
-Explicarle que esas palabras son de mal gusto, no hará más que promover una mala imagen de sí mismo.
-Si un adulto maldice, llamarle la atención para que el niño entienda que es una conducta inadecuada en cualquier edad.
-Enseñarle expresiones alternativas para los insultos.
-No comente con otras personas lo que el niño ha dicho delante de él para que no se sienta importante.
-Intente no reírse porque están disfrutando del juego con lo que intuyen prohibido. Evitemos el reto y el “no” tajante, porque también están en la edad en la que el “no” de los padres vuelve muy interesante lo que, tal vez, hasta hace un rato no tenía esa categoría.